Solemnidad de la Epifanía del Señor
Hoy celebramos la manifestación de Cristo Jesús al mundo que, unida a la reciente celebración de la Navidad nos invita a reconocer en Él, el Príncipe de la Paz, a nuestro Salvador. Quienes nos ayudan en este domingo a reconocerlo son unos magos de oriente. Hombres provenientes de la gentilidad, del mundo pagano, que salen de su tierra en un viaje probablemente extenso para venir a «adorarle». Contraria a su actitud, está la del rey Herodes y la de los sacerdotes. Detengámonos un poco en cada una de estas tres actitudes para descubrir alguna indicación que la palabra de Dios tenga para nuestra vida cotidiana.
El rey Herodes al enterarse de esto, se sobresaltó y toda Jerusalén con él. Herodes llama inclusive a los sumos sacerdotes y a los escribas. Sabe el lugar del nacimiento, pero él ya ha hecho su decisión. Ha buscado por todos los medios posibles conocer al rey de los judíos para dar término con su vida y así, salvar su reinado. Quiere utilizar a los magos de oriente y convertirlos así, no en mensajeros sino en espías: “Vayan a averiguar cuidadosamente qué hay de ese niño…” Los sumos sacerdotes y los escribas por su parte, tienen conocimiento del lugar del nacimiento del Mesías, sin embargo, nos sorprende que aún con su conocimiento de la ley de Dios, no se ponen en camino como los magos. Se quedan en la comodidad de su casa, de su vida. Estos personajes representan a quienes reconociendo la presencia de Dios, no salen a su encuentro para adorarlo. El evangelista deja claro que quienes van a la presencia de Cristo para adorarle y le llevan la ofrenda de su vida, son unos magos de oriente, representantes de quienes están “lejos de Dios” pero tienen un fuerte sentimiento de amor a Él, manifestando así la universalidad de la salvación que Cristo Jesús ha venido a traernos con su nacimiento.
Pidámosle al Señor que podamos tener la misma actitud de estos magos. Que podamos hacer este camino para encontrarnos con Jesucristo, nuestro Señor y así le adoremos con toda nuestra vida. Los magos, al ver a la madre y al niño recostado en el pesebre, se postraron y lo adoraron. Nosotros también venimos a adorar a Cristo Jesús, nuestro Dios y Señor. Al final, los magos no regresan por el mismo camino, cambian de vía. Que nosotros también, al encontrar a Cristo, no volvamos atrás a nuestro pecado, a nuestro camino de comodidad sino que andemos el camino que Cristo nos traza con su vida y su palabra.

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