viernes, 1 de febrero de 2013

III Domingo del Tiempo Ordinario

III Domingo del Tiempo Ordinario




“Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna” Sal 18.

La liturgia de la Palabra (pongo en mayúscula para referirme a Cristo, Palabra eterna del Padre) de este domingo nos brinda la oportunidad de reflexionar en torno a sí misa y su relación con la fe, es decir, la relación entre nuestra vida de fe, de Iglesia y la Palabra de Dios. Nuestra fe es cristocéntrica, es decir, Cristo es el centro de la vida de fe. Es más que eso: es el fundamento de nuestra fe. Él ha venido a revelarnos en plenitud su salvación que es el gran amor del Padre que quiere hacer de nosotros sus hijos. En la Eucaristía, es decir, en la santa misa, nos reunimos para escucha a la Palabra. A lo largo de toda la misa en el centro está la Palabra divina, la única capaz de darnos vida, y vida en plenitud. 

La Palabra no pasa de moda, no pierde su fuerza. La Palabra es presentada al inicio de la liturgia eucarística que se une a nuestros dones del pan y del vino; es a Cristo, Palabra del Padre a quien alabamos y proclamamos como tres veces santo; es la Palabra, Cordero de Dios, la que es ofrecida, la que se parte para darse a los demás; es Jesucristo, Palabra del Señor, quien se entrega como alimento para darnos vida eterna. En fin, en la celebración eucarística, en cada una de sus partes que forman un todo, “que están tan íntimamente unidas que constituyen un solo acto de culto” celebramos a Jesucristo, Palabra eterna del Padre.

Escuchamos en el libro de Nehemías la actitud, la reverencia, la delicadeza del amor que el pueblo de Israel manifestaba ante la lectura de la palabra de Dios. Esto nos debe llevar a reflexionar. ¿Cómo es nuestra actitud ante la Palabra de Dios? ¿Me esfuerzo para escuchar atentamente a Dios que me habla a través de su palabra? Cristo en el evangelio manifiesta una gran verdad de la revelación divina, manifestada en su Palabra: el “hoy” de su Palabra. Dios tiene algo que decirte, su palabra es luz para tu vida. ¿Escuchas su Palabra? ¿Dejas que entre en tu vida? ¡Que la Palabra de Dios sea nuestra fuerza, celebremos con alegría al Señor! Pidamos al Señor que las palabras que hemos proclamado en el salmo sean una realidad en nuestra vida: “Señor, tú tienes palabras de vida eterna”.

sábado, 19 de enero de 2013

II Domingo del Tiempo Ordinario


II Domingo del Tiempo Ordinario



“No tienen vino”, Jn 2,3

En el evangelio de este domingo, la presencia de Cristo en las bodas de Caná nos deja una gran enseñanza para la vida matrimonial, sacramento que enriquece a la Iglesia. El matrimonio es reflejo de las nupcias espirituales, de la unión de Dios con la humanidad, anunciada por los profetas. Muchas veces ha hablado Dios de su amor para con la humanidad a través de la imagen del amor nupcial. Existe una relación recíproca entre ambas realidades: las bodas humanas son símbolo de las nupcias espirituales. Por su parte, la unión de Cristo con su Iglesia (las nupcias espirituales) es modelo para la unión del hombre con la mujer en matrimonio.

A lo largo de las sagradas escrituras, encontraremos una riqueza para esta realidad tan hermosa como lo es el matrimonio. El apóstol san Pablo hablará de actitudes concretas, importantes para los cónyuges entre sí: “Maridos, amen a sus mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella”, Ef 5,25. De estos textos citados así como de la liturgia de la Palabra del día de hoy, podemos concluir que el amor y la entrega para el esposo o esposa, será un deber conyugal que brota de la unión perfecta de Cristo y su Iglesia.

Quisiera tocar un último punto. En su revelación, Dios manifiesta su fidelidad al pueblo, a pesar de la infidelidad de éste. El matrimonio está llamado ha reflejar también esta fidelidad. Es un camino arduo, que exige lo mejor de sí para ambos cónyuges. Existe el peligro del desánimo, del cansancio. Como en la boda de Caná, se puede acabar el vino. El matrimonio puede terminarse el vino del amor, de la alegría y entusiasmo; y cansarse del agua de la rutina, de la pérdida de paciencia y amor. Como los novios en Caná, hay que invitar a Jesús a la boda. Hay que invitar a Cristo a la vida en familia. 

¡Pidámosle al Señor por los matrimonios, en especial los que se encuentran en crisis e invitémosle a participar en nuestra vida y en nuestra familia!

domingo, 13 de enero de 2013

¡Ven, Santo Espíritu!

(canto para meditar)



En este domingo del Bautismo del Señor, les dejo este canto al Espíritu Santo de la comunidad de Taize ( http://www.taize.fr/es ), comunidad ecuménica de oración en Cristo.

¡Pidamos al Señor que nos envíe la luz de su Espíritu Santo, 
para que disipe, de nuestros corazones, las tinieblas 
y fortalezca nuestra entrega a Él!


Solemnidad del Bautismo del Señor



“Tú eres mi Hijo, el predilecto; en ti me complazco”, Lc 3,22.

¡Qué hermosas palabras escuchamos de Dios Padre hacia su Hijo, Jesucristo nuestro Señor! En la lectura del evangelio de esta solemnidad del Bautismo del Señor, se encuentra la primer manifestación de la identidad de Cristo, Hijo de Dios, en quien él se complace. Esta filiación divina, el ser hijos de Dios ha sido un precioso don que Cristo nos ha alcanzado con su nacimiento en la verdad de nuestra carne, al asumir nuestra humanidad. Hoy, celebramos también la importancia del Bautismo por el cual, por los méritos de nuestro salvador, Jesucristo, recibimos la gracia de ser hijos de Dios, miembros de la Iglesia y templos del Espíritu Santo.

Hoy más que nunca, es importante comprender la profundidad del bautismo que es, la puerta de los sacramentos. Precisamente, en este Año de la Fe, conviene que renovemos la gracia de nuestro bautismo. ¿De qué manera? Volvamos al evangelio: “Sucedió que entre la gente que se bautizaba, también Jesús fue bautizado. Mientras éste oraba, se abrió el cielo y el Espíritu Santo bajó sobre él…” Por medio de la oración, la gracia que recibimos un día en nuestro bautismo, se va renovando y fortaleciendo. Sólo en el encuentro personal que tengas con Cristo, a través de la oración, así como también de la lectura de su Palabra y de la vivencia de la caridad, podrás renovar tu fe. 

El evangelio de hoy narra el inicio del ministerio de Cristo que, llenó del Espíritu Santo vino a manifestarnos el amor de Dios, en su persona y a revelarnos el gran amor que nos ha tenido nuestro Padre al no sólo llamarnos sus hijos sino hacernos hijos en su Hijo único, Jesucristo nuestro Salvador. Pidamos al Señor que nos permita, también a nosotros, fortalecernos con la luz de su Espíritu Santo para que manifestemos la realidad para la cual fuimos creados: ser testigos del amor de Dios. Pidamos al Señor que nos conceda escuchar de su voz las mismas palabras dirigidas a Cristo en su evangelio: “Tú eres mi Hijo, el predilecto; en ti me complazco.”

sábado, 12 de enero de 2013

El bautismo del Señor

Dios nos hace sus hijos en Cristo, toma sobre sí nuestros pecados para perdonarlos y nos comparte su misión: transmitir el amor y el perdón de Dios.


La antífona de entrada del día de hoy termina rezando así, citando el evangelio de Mateo 3,16-17: "…Éste es mi Hijo amado, en quien he puesto todo mi amor".

Podemos ver la relación profunda entre el Padre y el Hijo, modelo de relación para todo padre, madre y sus hijos. ¡Qué alegría ver el gran amor entre los padres y sus hijos! ¡Sigamos el modelo trazado por Cristo, que nos hace verdaderos hijos de Dios! Pidámosle al Señor que permita sentirnos los hijos consentidos de él y podamos transmitir este amor y paz a nuestros seres queridos, precisamente porque "Él nos amó primero" y nos invita a compartir este amor.

Les dejo este hermoso video en inglés sobre la relación padre e hijo. En ocasiones no es fácil llevar una buena relación, en especial con el paso de los años. Pero si te llenas del amor de tu Padre Dios, serás capaz de transmitirlo a los tuyos, de vivir el perdón y el amor de Dios. ¡Disfrútalo!


lunes, 7 de enero de 2013


Solemnidad de la Epifanía del Señor



Hoy celebramos la manifestación de Cristo Jesús al mundo que, unida a la reciente celebración de la Navidad nos invita a reconocer en Él, el Príncipe de la Paz, a nuestro Salvador. Quienes nos ayudan en este domingo a reconocerlo son unos magos de oriente. Hombres provenientes de la gentilidad, del mundo pagano, que salen de su tierra en un viaje probablemente extenso para venir a «adorarle». Contraria a su actitud, está la del rey Herodes y la de los sacerdotes. Detengámonos un poco en cada una de estas tres actitudes para descubrir alguna indicación que la palabra de Dios tenga para nuestra vida cotidiana.

El rey Herodes al enterarse de esto, se sobresaltó y toda Jerusalén con él. Herodes llama inclusive a los sumos sacerdotes y a los escribas. Sabe el lugar del nacimiento, pero él ya ha hecho su decisión. Ha buscado por todos los medios posibles conocer al rey de los judíos para dar término con su vida y así, salvar su reinado. Quiere utilizar a los magos de oriente y convertirlos así, no en mensajeros sino en espías: “Vayan a averiguar cuidadosamente qué hay de ese niño…” Los sumos sacerdotes y los escribas por su parte, tienen conocimiento del lugar del nacimiento del Mesías, sin embargo, nos sorprende que aún con su conocimiento de la ley de Dios, no se ponen en camino como los magos. Se quedan en la comodidad de su casa, de su vida. Estos personajes representan a quienes reconociendo la presencia de Dios, no salen a su encuentro para adorarlo. El evangelista deja claro que quienes van a la presencia de Cristo para adorarle y le llevan la ofrenda de su vida, son unos magos de oriente, representantes de quienes están “lejos de Dios” pero tienen un fuerte sentimiento de amor a Él, manifestando así la universalidad de la salvación que Cristo Jesús ha venido a traernos con su nacimiento.

Pidámosle al Señor que podamos tener la misma actitud de estos magos. Que podamos hacer este camino para encontrarnos con Jesucristo, nuestro Señor y así le adoremos con toda nuestra vida. Los magos, al ver a la madre y al niño recostado en el pesebre, se postraron y lo adoraron. Nosotros también venimos a adorar a Cristo Jesús, nuestro Dios y Señor. Al final, los magos no regresan por el mismo camino, cambian de vía. Que nosotros también, al encontrar a Cristo, no volvamos atrás a nuestro pecado, a nuestro camino de comodidad sino que andemos el camino que Cristo nos traza con su vida y su palabra.